“Crear más aranceles no interesa ni a Europa ni a Estados Unidos”

David O'Sullivan, durante la entrevista, en Nueva York. ENRIQUE SHORE

David O’Sullivan (Dublín, 1953) es embajador de la Unión Europea ante Estados Unidos en un momento turbulento de la relación entre ambas economías, con un inquilino en la Casa Blanca que ataca con dureza a sus aliados tradicionales y que los equipara al régimen de Xi Jinping. “La UE es posiblemente tan mala como China, solo que más pequeña “, dijo este verano Donald Trump. O’Sullivan trata de quitarle hierro, asegura que los estadounidenses, de Clinton a Bush, pasando por Obama, siempre negociaron duro. Frente a las palabras gruesas, el diplomático señala los hechos: el pasado julio, Trump acordó con el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker dejar en suspenso una escalada arancelaria mientras se abren negociaciones.

Pregunta. ¿Qué margen ve para el acuerdo con Estados Unidos?

Respuesta. Las conversaciones están yendo bien, aunque tengo la experiencia suficiente como negociador como para saber que nada está acordado hasta que hay un acuerdo formal. Soy optimista en el sentido de que veo una buena base de la que partir, creo que no habrá nuevos aranceles, que no interesan ni a la Unión Europea ni a Estados Unidos.

P. ¿Cómo es negociar con la Administración de Trump? Suele decirse que mientras el presidente es muy temperamental, los funcionarios trabajan de forma más tradicional.

“Washington negocia siempre duro, no solo con Trump. Nosotros también”

R. Él es la persona electa, el que tiene el mandato y la gente que trabaja con él son nombrados, siempre está esa diferencia. Pero los americanos siempre han sido negociadores duros, yo he negociado con la Administración de Clinton, y de Bush y de Obama…. Y siempre han sido negociadores duros. El actual Gobierno también. Y nosotros también lo somos. La situación está equilibrada.

P. ¿Pero se imagina al presidente Obama diciendo que la Unión Europea es como China solo que más pequeña?

R. Mire, cada presidente es distinto y sabemos que Trump se enorgullece de ser un político disruptivo que no se comporta como un político tradicional, así que enfatiza este tipo de declaraciones, Pero, al final, el presidente Juncker y el presidente Trump llegaron a un entendimiento el 25 de julio, y eso es lo que cuenta.

P. Trump se ha quejado del funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de China. ¿No tiene algo de razón?

R. Por supuesto que compartimos muchas de las preocupaciones de su Gobierno sobre ciertas prácticas comerciales y de inversión por parte de China. Sí. Compartimos el análisis sobre la dificultad de hacer negocios en China actualmente, el papel de las compañías estatales, de los subsidios, la compra compulsiva de propiedad intelectual, las restricciones a la compra e inversión extranjera en empresas chinas… Son quejas comunes. Por ejemplo, ya hemos unidos fuerzas con Estados Unidos y Japón para buscar conjuntamente una forma de abordar la sobrecapacidad de China en el sector del acero y el aluminio. También queremos modificar algunas normas de la OMC, ya que no son capaces de lidiar con todas las prácticas chinas. Por ejemplo, habría que reforzar sobre subsidios, la interferencia del Estado en la economía o los requerimientos sobre propiedad intelectual, entre otros.

“Queremos reforzar las normas para atajar las prácticas comerciales chinas”

P. ¿Cree que los nuevos gravámenes que planea la UE a compañías tecnológicas, como Google o Amazon, pueden complicar las negociaciones?

R. Es un asunto distinto, francamente. Hay serios problemas sobre el estatus fiscal de las compañías de Internet, sobre todo con aquellas que están operando en un lugar físico pero no pagan IVA y otros impuestos. No es justo para las empresas europeas que sí los pagan. Y en eso consiste la propuesta de la Comisión.

P. Washington ha vinculado abiertamente las negociaciones económicas con la geopolítica. ¿Qué efectos puede tener esto en la relación bilateral?

R. Bueno, yo creo que siempre ha habido un vínculo implícito entre comercio y otras consideraciones políticas más amplias. Llevado al extremo, las sanciones son un ejemplo de cómo los instrumentos de política comercial se usan con propósitos políticos. Yo creo que con los que estamos lidiando ahora es con una Administración que cree que las reglas de juego en comercio no son justas, no compartimos exactamente esa opinión, pero nos involucramos para ver si hay manera de que ambos lados nos sintamos cómodos. Esta es la relación bilateral económica más importante en el mundo y nuestra empresas y nuestros ciudadanos esperan que logremos resultados positivos.

P. ¿Cree posible un escenario de “aranceles cero” en el sector industrial con EE UU en, por ejemplo, cinco años?

R. Yo creo que podríamos negociar un acuerdo de ese tipo si el lado estadounidense estuviese dispuesto en un periodo de seis a nueves meses. No creo que las negociaciones resultasen complicadas. El proceso de reducción de tarifas a cero [aplicación] podría hacerse gradualmente en tres, cuatro, cinco años. Aunque algunos de los aranceles más sensibles pueden requerir un proceso más largo.

P. ¿Teme efectos a largo plazo en ambas economías por el actual clima de tensión?

R. Siempre ha habido altibajos en la relación. Hemos tenido polémicas en el pasado por el acero, como ahora con el acero y el aluminio. En 2001 tuvimos exactamente el mismo debate con el Gobierno de Bush. Siempre nos recuperamos de los momentos de dificultad.

FUENTE: EL PAÍS

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