Enferman corazón de niños mexicanos

Desde que amanece y hasta que los infantes del hogar se van a dormir, su paladar es saciado con productos que además de afectar su comportamiento y desarrollo intelectual, también atentan contra su corazón y por endecontra su vida misma.

Cabe aclarar que no se trata de una muerte súbita, pues hasta la fecha no están documentados los casos de mexicanos menores a quince años de edad que hayan fallecido a consecuencia de sostener una dieta rica en productos procesados y bebidas endulzadas.

Más bien el deceso es lento y merma la calidad de vida de la víctima, así como de quienes lo rodean, personas que por lo general también cursan por un proceso similar. Iniciaremos la historia en la mesa de una familia mexicana cualquiera, justo cuando los niños del hogar abren el empaque de un producto que se dice ser cereal y lo vierten dentro de sus tazones, adicionando “lechita” para que sepa más rico. Más tarde, a la hora del recreo, en la lonchera están aguardando un queso tipo Petit Suisse y unas galletas con los colores del arcoíris.

Los papás quedan tranquilos al ver el tazón vacío, pues el empaque del supuesto cereal afirma que está enriquecido con proteína, y la leche ha sido por décadas uno de los pilares de la alimentación infantil. Más tarde, durante el recreo, el niño degustará su “quesito” con galletas, viandas con las que su estómago terminará el día en la escuela.

Lo que muchos padres de familia ignoran (y no están obligados a saberlo), es que únicamente con esos cuatro productos su hijo ya consumió 53.1 gramos de azúcar y 483.3 gramos de sodio, cuando la Organización Mundial de la Salud indica que al día un niño menor de 15 años debe tener una ingesta diaria máxima de 37 gramos de azúcar y 5 de sodio.

Convencidos de estar haciendo lo correcto, los padres de familia repiten esta forma de darle de comer a sus hijos todos los días. Al respecto cabe destacar que es imposible pensar lo contrario, pues en los empaques están impresas en letras grandes frases como: enriquecido con vitaminas, proteínas y calcio, entre otras, además de que están ilustradas con personajes vigorosos y de apariencia saludable.

Imaginando que los infantes sólo consumieran estos cuatro productos, y nada de bebidas endulzadas y otros productos comestibles industrializados, los niños menores de 15 años están comenzando a atentar contra su corazón a temprana edad.

En el número de agosto de 2016, la revista Circulación de la Asociación Americana del Corazón, describe que niños con abundante y recurrente ingesta de azúcar industrializada tienden a padecer alteraciones en la circulación sanguínea, pues el diámetro de los vasos y “la consecuente obstrucción del paso normal de la sangre, (constituyen) un factor previo a un infarto”.

Aunado a esto, la acumulación de cristales de sodio en la sangre, es el principal factor de riesgo para desarrollar hipertensión arterial, condición que hace trabajar de más al corazón, por lo que es otra vía para que quede expuesto al infarto.

Letras chiquitas. Al sodio y azúcar contenido en estas dos comidas del día, habría que añadir la cantidad de grasas saturadas que aportan estos productos y describir cada uno de los efectos adversos que provocan sobre el organismo: resistencia a la insulina, ateroesclerosis y trombosis, sólo por mencionar algunos ejemplos.

Los padres de familia podrían advertir esta amenaza, si el etiquetado frontal de cada producto procesado fuera claro y preciso. Además de esta información confusa, y a veces inexistente (un refresco de cola es el mejor ejemplo), los consumidores mexicanos adquieren sus viandas industrializadas casi “a ciegas”, pues en los envoltorios están impresas en letras chiquitas, de muchos colores y casi ilegibles, las listas de los ingredientes con los que están hechos, en su mayoría de difícil pronunciación y que también asemejan a claves secretas.

BHT o Butilhidroxitolueno, Amarillo 5, Rojo 4, TBHQ8, Carrageína, Glutamato monosódico, Caramelo Tipo IV, por sólo señalar a algunos, son los ingredientes de los cuatro productos aquí señalados, sustancias químicas que se encuentran en muchos otros productos comestibles y que en diferentes cantidades ingieren los niños todos los días.

Para dimensionar la toxicidad de estos elementos químicos, ejemplificaremos con el BHT, derivado del petróleo que se usa para prevenir la oxidación de grasas. En grandes cantidades provoca hiperactividad, urticaria, insomnio, problemas metabólicos en hígado, tumores hepáticos y linfomas.Por su parte, el glutamato monosódico inhibe la saciedad, es decir, hace que comas en exceso y también daña las células del cerebro.

Otro de los ingredientes predilectos de la industria de alimentos procesados es la carrageína, la cual provoca inflamación intestinal, ulceración y tiene efectos carcinógenos. Como los sabores dulces y colores brillantes son el gancho para atraer el paladar de los niños, las grandes fábricas emplean sustancias como Amarillo 5, Rojo 40, jarabe de maíz de alta fructosa y sucralosa. En general, la combinación de azúcares con edulcorantes químicos generan cambios en el paladar y gusto de las personas, lo que los hace que se habitúen a los sabores intensamente dulces.

Si cada uno de estos ingredientes fuera consumido por un niño de manera esporádica no tendría repercusión en su organismo; sin embargo, hay que recordar que estas sustancias químicas se encuentran en distintos productos que se ingieren varias veces al día.

Al respecto, Xaviera Cabada, Coordinadora de Salud Alimentaria del Poder del Consumidor, señaló que para proteger a la población mexicana de los efectos adversos que provocan los productos industrializados en la salud, sería suficiente con que las autoridades sanitarias hicieran cumplir las normas en cuanto a la preparación y etiquetado de los productos.

 

¿Dónde acudir?

El Poder del Consumidor
Revisa en la sección Tu consumo las Radiografías que se encuentran en la liga de productos procesados.
Sitio: www.elpoderdelconsumidor.org

FUENTE: LA CRÓNICA DE HOY

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