Un esfuerzo sistemático para eliminar a los rohinyá

Una mujer rohinyá con su hijo caminan de regreso al campo de Basara en Sittwe, Birmania. Más de 120.000 rohinyá están internados en campamentos dentro del estado de Rakáin y cientos de miles más han huido. crédito Adam Dean para The New York Times

Cientos de miles de integrantes de esta minoría musulmana que han tenido que huir de sus casas se preguntan si valdrá la pena regresar en algún momento a los que eran sus hogares si funcionarios dicen que su existencia “son noticias falsas”. ¿A qué se debe su situación actual?

SITTWE, Birmania – Fue miembro de la sociedad de alumnos rohinyá en la universidad, fue maestro de una preparatoria pública e incluso ganó un escaño parlamentario en 1990, en unas elecciones de Birmania que fueron frustradas por una junta militar.

Sin embargo, de acuerdo con el actual gobierno birmano, los compañeros rohinyá de U Kyaw Min no existen.

Los rohinyá, una minoría musulmana perseguida desde hace tiempo y concentrada en el estado occidental de Rakáin, han sido llamados intrusos peligrosos llegados de la vecina Bangladés. Hoy en día, carecen de un Estado y su identidad misma es negada por las autoridades birmanas, país de mayoría budista.

“No hay tal cosa como los ronhiyá”, dijo U Kyaw San Hla, un funcionario del Ministerio de Seguridad de Rakáin. “Son noticias falsas”.

Comentarios como ese dejan perplejo a Kyaw Min. Ha vivido en Birmania durante toda su vida, 72 años, y la historia de los rohinyá como un grupo étnico en Birmania se extiende por varias generaciones anteriores.

Ahora, los defensores de los derechos humanos advierten que gran parte de la evidencia de la historia de los rohinyá en Birmania está en peligro de ser erradicada por una campaña militar que las Naciones Unidas ha dicho representa un intento de limpieza étnica.

Desde finales de agosto, más de 620.000 musulmanes rohinyá, cerca de dos tercios de la población de esa minoría que vivía en Birmania en 2016, han huido a Bangladés ante un operativo militar que presuntamente empezó para combatir a milicias y se ha vuelto una campaña sistemática de masacre, violaciones e incendios intencionados en Rakáin.

En un informe publicado en octubre, la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señaló que las fuerzas de seguridad de Birmania han trabajado para “borrar eficazmente todas las señales de puntos de referencia memorables en la geografía de la memoria y el paisaje rohinyá, de tal manera que un regreso a sus tierras no les mostraría sino un terreno desolado e irreconocible”.

“Los rohinyá están acabados en nuestro país”, dijo Kyaw Min, quien vive en Rangún, la capital comercial de Birmania. “Pronto todos habremos muerto o desaparecido”.

El informe de la ONU también señala que la mano dura en Rakáin ha estado “dirigida a maestros, líderes culturales y religiosos y otras personas influyentes en la comunidad rohinyá en un esfuerzo por apagar la historia, la cultura y el conocimiento rohinyá”.

“Somos un pueblo con nuestra propia historia y tradiciones”, dijo U Kyaw Hla Aung, un abogado rohinyá y antiguo preso político, cuyo padre trabajó como secretario de juzgado en Sittwe, la capital de Rakáin.

“¿Cómo pueden fingir que no existimos?”, preguntó.

En una entrevista telefónica, Kyaw Hla Aung, quien ha estado encarcelado varias veces por su activismo y ahora está detenido en un campamente en Sittwe, dijo que su familia no tenía suficiente comida porque los funcionarios han obstaculizado la distribución completa de la ayuda internacional.

La repentina amnesia birmana sobre los rohinyá es tan audaz como sistemática. Hace cinco años, Sittwe, enclavada en un estuario en la bahía de Bengala, era una ciudad mezclada, dividida entre la mayoría budista étnica de Rakáin y la minoría musulmana rohinyá.

“Los rohinyá están acabados en nuestro país. Pronto todos habremos muerto o desaparecido”.

U KYAW MIN, MAESTRO Y ACTIVISTA

Mientras caminaba por el bazar lleno de gente de Sittwe en 2009, vi pescadores rohinyá vendiendo mariscos a las mujeres de Rakáin. Los profesionistas rohinyá eran abogados y doctores. La calle principal de la ciudad estaba dominada por la mezquita Jama, una construcción arabesca erigida a mediados del siglo XIX. Los imames hablaban con orgullo de la herencia multicultural de Sittwe.

Sin embargo, desde las revueltas sectarias de 2012, que provocaron la muerte de una cantidad desproporcionada de rohinyá, la ciudad se ha depurado de musulmanes. Por todo el centro de Rakáin, cerca de 120.000 integrantes de la minoría musulmana —incluso aquellos que sí cuentan con ciudadanía birmana— han sido encerrados en campamentos, se les arrebató su sustento y se les impidió tener acceso a escuelas o atención médica adecuadas.

No pueden salir de los guetos sin autorización oficial. En julio, un rohinyá a quien se permitió salir para una aparición en la corte en Sittwe fue linchado por una muchedumbre étnica de Rakáin.

La mezquita Jama ahora está en desuso, cerrada tras tiras de alambres de púas. El imam, de 89 años, está detenido.

“No tenemos derechos de seres humanos”, dijo el religioso, quien pidió que no se divulgue su nombre por temor a su seguridad. “Esto es una limpieza étnica ejecutada por el Estado, no hay más”.

La psique en Sittwe se ha adaptado a las nuevas circunstancias. Hace poco en el bazar, todos los residentes de Rakáin con los que hablé declararon, falsamente, que ningún musulmán había sido dueño de ninguna tienda ahí. A la Universidad Sittwe, que antes tenía inscritos a cientos de alumnos musulmanes, ahora solo acuden unos treinta rohinyá vía un programa de aprendizaje a distancia.

“No tenemos restricciones respecto de ninguna religión”, dijo U Shwe Khaing Kyaw, encargado de inscripciones en la universidad, “pero simplemente no vienen aquí”.

Kyaw Min daba clases en Sittwe, donde la mayoría de sus estudiantes eran budistas rakáines. Ahora, dijo, incluso los conocidos budistas de Rangún se avergüenzan de hablar con él.

“Desean que esta discusión acabe pronto porque no quieren pensar acerca de quién soy o de dónde vengo”, dijo.

En 1990, Kyaw Min ganó un escaño en el parlamento como parte del partido rohinyá, alineado con la Liga Nacional para la Democracia, el partido birmano actualmente en el gobierno. Sin embargo, la junta militar del país ignoró los resultados electorales en todo el país. Kyaw Min terminó en prisión.

Los musulmanes rohinyá han vivido en Rakáin durante generaciones; su dialecto bengalí y rasgos de surasiáticos a menudo los distinguían de los budistas de Rakáin.

Durante la era colonial, los británicos animaron a los cultivadores de arroz, a los comerciantes y a los trabajadores civiles del sur de Asia a migrar a Birmania, también conocida como Myanmar.

Algunos de esos recién llegados se mezclaron con los rohinyá, entonces conocidos más comúnmente como indios arakanes o musulmanes arakanes. Otros se desperdigaron por Birmania. Para la década de 1930, los surasiáticos —tanto musulmanes como hindús— constituían la población más grande en Rangún.

Algunos budistas se sintieron asediados por el cambio demográfico. Durante la dirigencia xenofóbica del general Ne Win, quien se instaló durante casi medio siglo de gobierno militar, cientos de miles de surasiáticos dejaron Birmania y se fueron hacia la India.

Rakáin, en el borde occidental de Birmania, fue donde el islam y el budismo chocaban con más violencia, en especial después de la Segunda Guerra Mundial, durante la cual los rakáines apoyaron al Eje y los rohinyá a los aliados.

Los intentos posteriores de un grupo insurgente de rohinyás de salir de Birmania y anexar el norte de Rakáin a Pakistán Oriental, como se conocía entonces a Bangladés, tensaron aún más las relaciones.

Para la década de los ochenta, la junta militar había despojado de la ciudadanía a la mayoría de los rohinyá. Una brutal ofensiva por parte de las fuerzas de seguridad empujó a olas de rohinyá a huir del país.

Hoy en día, muchos más rohinyá viven fuera de Birmania —sobre todo en Bangladés, Pakistán, Arabia Saudita y Malasia— que los que quedan en lo que consideran su tierra natal.

Sin embargo, en las primeras décadas de la independencia birmana, la élite rohinyá fue próspera. La Universidad Rangoon, la mejor institución del país, tenía suficientes estudiantes rohinyá como para formar su sociedad de alumnos. Uno de los gabinetes del U Un, el primer dirigente del país tras la independencia, incluía a un ministro de Salud que se identificaba como musulmán arakanés.

Incluso bajo Ne Win, el general, la radio nacional birmana transmitía programas en lengua rohinyá. Los rohinyá contaban con representantes en el parlamento, varios de los cuales eran mujeres.

U Shwe Maun, un rohinyá del municipio Buthindaung, en el norte de Rakáin, fue parte del parlamento entre 2011 y 2015, como miembro del Partido para la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo, formado por el ejército. En las elecciones de 2015, sin embargo, se le prohibió postularse. Cientos de miles de rohinyá fueron privados del derecho a votar en esas elecciones. El distrito electoral de Shwe Maung, que había sido 90 por ciento rohinyá, ahora está representado por un budista de Rakáin.

En septiembre, un oficial de policía local presentó una demanda en la que acusó al exparlamentario Shwe Maung de instigar a la violencia a través de publicaciones en Facebook que llamaban a poner fin a la ofensiva de las fuerzas de seguridad en Rakáin (la operación militar comenzó después de que militantes rohinyá asediaron puestos de seguridad gubernamentales a finales de agosto).

Shwe Maun, hijo de un policía, está exiliado en Estados Unidos y niega esos cargos.

“Quieren que cualquier rohinyá sea considerado terrorista o inmigrante ilegal”, dijo. “Somos mucho más que eso”.

FUENTE: THE NEW YORK TIMES

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