Un recuerdo de Martin Luther King Jr. a través de la lente

El reverendo Martin Luther King Jr. se sienta para una fotografía policial tras su arresto por encabezar un boicot de autobuses en los que las personas negras eran forzadas a sentarse hasta atrás, en 1956.

Las imágenes del reverendo Martin Luther King Jr. mientras daba su discurso de “Tengo un sueño” ante una multitud apantallada el 2 de agosto de 1963 están grabadas en las historia como el momento definitorio de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos.

Pero hablar solamente de esa imagen menoscaba la complejidad de todo el movimiento y parece reforzar la idea de que King era un líder casi divino que pudo, él solo, sanar las relaciones raciales del país. Las imágenes históricas nos ayudan a comprender mejor ese periodo y las fotografías, para bien o para mal, definieron al personaje de King en nuestra imaginación colectiva. Sus enemigos manipulaban las imágenes o les ponían pies de foto falsos para desacreditarlo, ya fuera para acusarlo de vínculos comunistas o de haber incentivado la violencia durante manifestaciones pacíficas.

Pero la narrativa visual de King, que empezó con medios y revistas para una audiencia negra, también logró que un movimiento regional se convirtiera en uno nacional.

Aunque los medios a veces lo hacían parecer un villano, también contribuyeron a su imagen mítica de líder carismático que “dirigió el movimiento de los derechos civiles tan solo con su poder oratorio”, dijo el historiador Clayborne Carson. Para ese fin, las fotografías eran tan poderosas como las palabras de King: de ser humano a convertirse en símbolo visual de valentía, fortaleza o benevolencia; era tanto el clérigo estoico mientras le tomaban una foto policial en Montgomery como el padre de familia con quien podían simpatizar los estadounidenses no negros.

Esa idealización de King sucedió en un contexto de fuerte desconfianza por parte de los estadounidenses blancos. Según una encuesta de 1963 de la firma Gallup, King era la segunda figura menos popular, después del líder soviético Nikita Khrushchev.

Luther King Jr. durante un almuerzo con su familia, después de enterarse que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, en 1964 CreditFlip Schulke/Corbis, vía Getty Images

Aun así, con sus fotografías popularizadas por los medios, King era el icono de una lucha política que involucraba a miles de organizadores, activistas y simpatizantes. Pero las imágenes más cautivadoras de él quizá son las que lo muestran en momentos más complejos y humanos.

Como una fotografía de James Karales que muestra a King en la mesa de su cocina con su hija Yolanda. En ese momento era un padre que intentaba explicarle a su hija por qué no podía visitar un parque de diversiones, restringido para las personas no blancas. Otra fotografía del líder de la lucha por los derechos civiles enfrascado en un debate con el entonces presidente Lyndon B. Johnson demuestra que no era solamente un clérigo y activista, sino un negociador político adepto.

Quizá lo más extraordinario del King plasmado en imágenes es lo capaz que era para aprovechar el medio para contar la historia de la lucha por los derechos civiles. Tanto él como sus pares estaban al tanto del poder que tiene la lente para exhibir la brutalidad y la injusticia de temas como la segregación racial.

Por ejemplo, la llamada Cruzada Infantil por Birminghan, Alabama, en mayo de 1963, fue organizada pensando en las cámaras. King y sus estrategas pensaron que era necesario que las imágenes demostraran la brutalidad de la segregación a un público que era escéptico. Se esperaban una respuesta feroz por parte del comisionado de seguridad pública Bull Connor, un simpatizante y proponente de la segregación estilo Jim Crow, a la marcha no violenta de más de mil niños.

Las fotografías resultantes, de menores atacados por perros policía o tirados al piso por los chorros de cañones de agua, son devastadoras. Circularon por todo el mundo y ayudaron a ponerle fin a la complacencia de muchas personas al ser una evidencia clara de los males de la segregación. Un año después el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Derechos Civiles (que prohibió discriminar en lugares públicos según raza, sexo o color de piel), una legislación impulsada en parte por lo que captaron las cámaras en Birmingham.

Aunque fue otra fotografía ampliamente diseminada la que muestra una faceta completamente distinta a la del mito de King: cuando está mortalmente herido en un balcón del hotel Lorraine, en Memphis. Ahí no es el orador divino ni el mártir arrestado ni el profeta reverenciado, sino un ser humano destruido por el odio racial. Las fotografías de él en vida a veces fungen como pruebas de Rorschach —muestran el prejuicio o la capacidad de aceptar según el cristal desde que se mira— esa imagen de él en su lecho de muerte es un recordatorio de las fantasías que resultan en la creación de los mitos; de cómo terminan por difuminar la individualidad de la persona mitificada.

“Siempre vi a Martin Luther King Jr. como un líder espiritual increíble que hablaba de una manera tan emotiva e inspiradora”, dijo el fotógrafo Steve Schapiro, uno de los que captó a la famosa figura. “Lo que no piensas es que esos líderes también son humanos”.

FUENTE: THE NEW YORK TIMES

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